En el fondo, la vieja receta

“Espero que todo el país termine enamorándose de Christine”. Así se refirió el ex presidente Mauricio Macri al empezar las tratativas para pedir préstamos al Fondo Monetario Internacional (FMI) que conducía Lagarde.

Cuando Mauricio Macri llegó a la Rosada, la deuda externa bruta era de US$157.792 millones. Cuando se fue, la deuda llegó a US$277.648 millones. En cuatro años creció un 76%. Macri fue el presidente que más se endeudó desde la vuelta de la democracia. Durante su gestión se fugaron más de US$88.000 millones.

Luego de refinanciar con éxito la deuda argentina con litigio en tribunales extranjeros que permitirá al Estado pagar US$35.000 millones menos de interés, el Ejecutivo nacional inició negociaciones con el FMI para renegociar el pago de otros US$52.000 millones. Una delegación del FMI estuvo hace unos días en el país para iniciar las negociaciones. “Celebro que el Fondo tenga a Giorgieva al frente de su gestión ya que tiene una mirada del mundo que sinceramente comparto», dijo el Alberto Fernández.

El miércoles pasado la titular del FMI dijo que “Argentina enfrenta desafíos dramáticos”, que “las condiciones sociales están empeorando” y que “la máxima prioridad debe ser implementar una agenda económica que equilibre la economía y estabilice la macroeconómica”.

Los acuerdos con el Fondo traen como contraparte cambios estructurales en la economía que nunca son compatibles con las demandas de la mayoría de la población.

Brasil, nuestro país vecino es un claro ejemplo de cuáles son las demandas que pide y sugiere el FMI. Mientras estuvo Lagarde al frente, felicitó a Temer (que llegó al poder después de un golpe judicial) por los recortes a las jubilaciones, las subas en los servicios, la baja del gasto público y algunas privatizaciones de empresas del Estado brasilero. El FMI de Giorgieva está haciendo lo mismo con Jair Bolsonaro: celebra las últimas reformas para jubilados, pide reducir salarios públicos, revisar y hasta eliminar programas de asistencia social (como el IFE de Brasil) y también más apertura comercial.

La economía argentina tendrá este año una suba de precios del 35%, un desempleo del 12%, una pobreza de más del 40%, una caída del PBI del 11% y el 2do. salario en US$ más bajo de la región. Si a este panorama argentino se le aplican las recetas recomendadas por el FMI en Brasil, sólo agravará más la mala situación que viven la mayor parte de los argentinos.

No hay que enamorarse del Fondo ni creer que porque su titular haya estudiado en el Instituto de Economía Karl Marx, el FMI vaya a pedir aplicar otra política económica.

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