Biden Vs. Trump

En épocas de guerra fría, Latinoamérica era un terreno de disputa para la geopolítica estadounidense. Siempre fue considerado “el patio trasero” de EE.UU. Ocupó una parte importante -no central, cabe aclarar- de los debates entre demócratas y republicanos. Hoy, con el COVID-19, que dejó millones de infectados, miles y miles de muertos, millones de desempleados, y con el racismo y la hostilidad contra la comunidad negra e inmigrantes; las políticas yanquis hacia Latinoamérica sólo le importan a los cubanos y venezolanos de Florida y a los mexicanos que habitan -sobre todo- el Sur del país de las 50 estrellas: a unos para saber de cómo se regirán las relaciones con los jefes de Estados de sus países de origen –que en general son republicanos- y otros por las políticas migratorias –que en general votan a demócratas-.

Tal como ocurrió en 2016, las encuestas que daban una tranquila victoria del partido demócrata fallaron. En casi cualquier país del mundo, los casi 4 millones de votos de ventaja que llevaba Biden sobre Trump al cierre de esta nota, lo hubieran ya consagrado presidente. Pero en “la cuna de la democracia”, “la democracia más grande del mundo”, no. Estados Unidos tiene un formato de elecciones indirectas donde sus estados donde tampoco existen las mismas reglas entre sí para elegir electores. No gana el que más votos saca sino el que más electores saca en total de la suma por Estados: se necesitan 170 electores para llegar a la presidencia. Por otra parte, para votar en EE.UU. hay que empadronarse, lo cual lleva un trámite administrativo. Se vota siempre un día laboral: el primer martes de noviembre cada 4 años. Y, según muchas crónicas, los lugares de votación no siempre son tan cercanos al domicilio. Todo bastante engorroso.
A la vez de la elección presidencial, muchos estados votaron sobre otras problemáticas más locales. En Colorado se votó limitar el aborto a partir de la semana 22 de gestación, en California se votó si “los choferes de Uber deben ser considerados empleados”, otros estados votaron cambios en sistemas impositivos locales; otros cambios electorales; la legalización de la marihuana; y Oregon votó despenalizar la tenencia de drogas duras como cocaína y heroína en pequeñas cantidades.

Sin la pandemia, nadie hubiese dudado que Trump sería reelecto: el nivel de desempleo en su gestión llegó a ser el más bajo en los últimos 50 años del país. Pero el impacto del Coronavirus en EE.UU. (tiene el 20% de infectados del mundo) ha puesto un freno a sus planes.
Al cierre de esta nota Joe Biden, el candidato demócrata estaba a sólo 6 electores llegar a los 170 cuando peleaba voto a voto con Trump en 4 estados donde no habían cerrado el conteo. Todo indicaría que la Casa Blanca cambiará de signo político y los demócratas gobernarán los próximos 4 años. Pero Trump, con su estilo “rebelde”, ya denunció fraude en varios estados y ayer por la noche anunció que denunciará el supuesto “fraude” en la Corte Suprema (donde 6 de los 9 miembros del Tribunal son republicanos).

De terminar la elección de manera pacífica, no habría grandes consecuencias para la economía argentina. Pero si esto se traduce en un limbo político, en el país que tiene la moneda de comercio predominante en todo el mundo, hasta que la Justicia decida, es una incógnita cómo reaccionarán los mercados financieros internacionales hasta que la Justicia acepte o decline las denuncias de los republicanos, y el 14 de diciembre se reúna el Colegio Electoral para elegir nuevo presidente de la potencia económica y militar más grande del mundo. De haber mucha inestabilidad política, con movilizaciones y conflictos en las calles, la inestabilidad política repercutirá en todas las economías del mundo. Y justo ahora que el dólar blue bajó por novena jornada consecutiva llegando a los $157.
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